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Adaptar la pirámide alimenticia a nuestro ritmo de vida

Hoy en día a nadie le resulta sorprendente el hecho de que nuestro estilo de vida ha cambiado de forma radical en los últimos 50 años. La causa de esta transformación es que nuestro día a día gira en torno al estrés y las prisas, quedando cada vez menos tiempo no sólo para el ocio, sino también para algo tan imprescindible como la comida. De hecho, la mala alimentación se ha convertido en uno de los grandes males de nuestro siglo acarreando un creciente número de personas, muchos de ellos niños, que sufren sobrepeso u obesidad.

Atrás quedó uno de nuestros bienes más preciados: la dieta mediterránea, caracterizada por el consumo de alimentos de temporada, frescos y poco procesados, así como cereales y legumbres, frutas y verduras y un mayor protagonismo del pescado (si es azul, mejor) sobre la carne. Este tipo de alimentación, que deja para ocasiones puntuales los dulces y pasteles, aconseja acompañar las comidas con vino, consumir abundante agua y practicar ejercicio físico de forma regular.

Hoy por hoy, frutas y verduras se consumen con menos frecuencia de la que se debería, las legumbres han caído en el olvido y la carne le ha arrebatado el protagonismo al pescado, por no hablar de que se abusa demasiado de pasta, arroz o tubérculos.

Estos alimentos siempre se han colocado en la base de la pirámide alimenticia como fuente esencial de energía. Pero lo que hay que plantearse es que actualmente no hacemos los esfuerzos físicos que se realizaban años atrás, trabajando en el campo o yendo andando a todos los lugares. Por eso, la pregunta es clara: ¿necesitamos hoy en día ese aporte de energía?

Está claro que la mayoría de nosotros trabajamos ocho horas sentados frente al ordenador y que tanto aporte calórico no es necesario, pues no consumimos tanta energía. Por eso, las actuales recomendaciones deberían revisarse, dando más importancia a frutas y verduras, que aportan energía pero no tantas calorías. De hecho, autoridades como la USDA de EEUU ya han modificado estas pautas, optando por reducir el consumo de cereales y patatas y aumentar las frutas y verduras en las actualizaciones de sus pirámides.

La clave es adaptar la alimentación al estilo de vida, de forma que a mayor actividad física consumamos más alimentos energéticos y a mayor sedentarismo, más verdura y frutas.

Esta premisa va de la mano con la necesidad de personalizar las dietas, ya que no todos tenemos el mismo metabolismo ni llevamos el mismo estilo de vida. Por eso, adaptar nuestra dieta a nuestras necesidades es básico si queremos seguir una dieta con éxito, duradera y que no provoque el temido efecto “yo-yo”.

 

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Marta Gámez

Directora Técnica de Grupo NC Salud

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