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La dieta mediterránea ayuda a prevenir y controlar la diabetes

Día Mundial de la Diabetes

La diabetes es un problema que afecta tanto a hombres como a mujeres. Este año, el tema del Día Mundial de la Diabetes se centra en estas últimas y tiene como lema “Nuestro derecho a un futuro sano”. Actualmente, hay más de 199 millones de mujeres con diabetes a nivel global, y se calcula que para 2040 esta cifra llegará a los 313 millones, según los datos de la Federación Internacional de la Diabetes. Estas cifras están ligadas a los altos índices de obesidad, que constituyen el principal factor de riesgo de diabetes y que, ya desde edades tempranas y con cada vez más frecuencia, asolan a la población mundial. 

Desde Super Premium Diet, el servicio de asesoramiento nutricional en farmacias de Grupo NC Salud, se explican una serie de pautas que contribuyen a un mejor control de esta enfermedad:

Que tu dieta sea siempre mediterránea. Es la dieta que mejor ha demostrado combatir la obesidad a largo plazo y mejorar la diabetes, optimizando el metabolismo de los carbohidratos. El aumento en el consumo de frutas que promulga esta dieta, nos aporta un adecuado porcentaje de azúcares sanos, llamados intrínsecos, que se acompañan de otros micronutrientes beneficiosos para la salud, como los polifenoles, que ayudan a quemar grasa, o los antioxidantes, que permiten reducir el estrés oxidativo y mejorar, entre otros, el colesterol.

Los pacientes diabéticos deben consumir al menos 3 raciones de fruta entera repartidas a lo largo del día, para tener tanto un aporte adecuado de azúcares intrínsecos como de vitaminas y minerales. Sustituir estas raciones por zumos suele ser un error muy típico, ya que se pierde la fibra de la fruta y se multiplica innecesariamente la cantidad de azúcares ingeridos, más aún si son zumos envasados con alto contenido en azúcares libres”, explica Carlos Fernández, director médico del Grupo NC Salud.

Aumenta el consumo de fibra insoluble para mejorar la diabetes. El cuidado de la flora intestinal y las modificaciones saludables en la composición de su microbiota han demostrado disminuir la resistencia a la insulina y favorecer el control de la glucemia. Por ello, el consumo de fibra insoluble en los alimentos, sustrato principal de nuestra flora, es uno de los grandes objetivos nutricionales que proponemos a los diabéticos. Conseguirlo es sencillo si se aumenta la ingesta de verduras, hortalizas, cereales de grano entero  y legumbres, que además ayudan a controlar el peso y a consumir pocas calorías a cambio de mucha saciedad y gran cantidad de nutrientes beneficiosos para la salud.

Suplementa tu dieta con cromo. La micronutrición a través de complementos alimenticios es una de las herramientas terapéuticas con las que cuentan los profesionales sanitarios que tratan la diabetes. El Dr. Fernández aconseja “combinar los tratamientos farmacológicos habituales con nutracéuticos que contengan cromo, ya que se ha demostrado que este nutriente contribuye a mantener niveles normales de glucosa en sangre, siendo su dosis diaria recomendada de 40 microgramos al día”.

Haz un mínimo de 5 comidas al día. Añadir al clásico patrón de tres ingestas al día (desayuno, almuerzo y cena) dos o tres tentempiés saludables a media mañana, media tarde y/o antes de acostarse, en cantidades y composición nutricional adecuadas, permite regular los picos de glucemia e insulina y mantener saciado y a la vez bien controlado metabólicamente al paciente diabético. Adaptar este patrón dietético al estilo de vida será fundamental para cubrir todas las necesidades del día a día. La figura del nutricionista se hace imprescindible en la elaboración de estos tratamientos.

Activa tu metabolismo haciendo deporte. La realización de ejercicio físico es un factor clave para las personas con diabetes, ya que les ayuda a mejorar el control de la enfermedad y a prevenir complicaciones derivadas de la misma. Las guías clínicas de más relevancia en diabetes sugieren que, tanto en diabetes tipo 1 como 2, se debe realizar un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física moderada o vigorosa, repartidos en al menos 3 días a la semana, con no más de dos días consecutivos de inactividad. Además, se debe evitar un sedentarismo durante el día que se prolongue más allá de 30 minutos, habiendo demostrado esta rutina beneficios a nivel glucémico, sobre todo en diabéticos tipo 2.

La diabetes gestacional

Dos de cada cinco mujeres sufren de diabetes en su etapa fértil (unos 60 millones en el mundo) y de ellas, el 10% padece diabetes gestacional (DG), que aumenta el riesgo de abortos o secuelas en sus futuros bebés. Es por ello, que este tipo de diabetes es una de las principales preocupaciones de las mujeres embarazadas y de los sanitarios que las controlan, realizándose un análisis protocolario para detectarla entre las 24 y 28 semanas de gestación.

Entre los factores que hacen de la gestante una paciente de alto riesgo de DG podemos destacar: tener una edad igual o superior a los 35 años, antecedentes personales de DG y de nuevo, la obesidad, que como hemos mencionado antes, puede ser controlada por profesionales especialistas en nutrición y dietética.

Los consejos serían similares a los descritos previamente, enriqueciendo la dieta mediterránea con alimentos que aporten los siguientes nutrientes, esenciales para el buen desarrollo del bebé:

Hierro. La necesidad de este mineral se incrementa notablemente en el embarazo, por lo que es imprescindible suplementar a la gestante y consumir alimentos que lo contengan, como berberechos, almejas, o legumbres, acompañadas de aquellos que aporten vitamina C para mejorar su absorción, como pimientos, coles, brócoli o cítricos.

Calcio. Para consumir la dosis adecuada de calcio (unos 1300 mg al día) es necesario aumentar la ingesta de lácteos y aromatizar nuestros platos con especias como tomillo, eneldo, orégano o pimienta. Además, usa la rúcula en tus ensaladas e incorpórale algunas almendras crudas, semillas de lino o sésamo.

Ácido fólico. Todas las mujeres gestantes conocen de la importancia de suplementar su alimentación con esta vitamina, también llamada B9, incluso meses antes de quedarse embarazada, para prevenir malformaciones en el feto, retrasos en su crecimiento o bajo peso al nacer. Las legumbres (judías, garbanzos, soja, etc.), los cereales de grano entero y verduras como las espinacas, los berros o los espárragos aportan cantidades adecuadas de folatos, por lo que deben incluirse en el diseño semanal de la dieta mediterránea.

Finalmente, el Dr. Fernández destaca que “es importante destacar que, aunque en el embarazo la ganancia de peso es lógica, las recomendaciones en cuanto a incremento de kilos por trimestre varían en función del índice de masa corporal con el que la embarazada llega a consulta, por lo que será muy importante una vez más, el control alimentario por expertos en dietética y nutrición”.

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