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La Histamina, en su justa medida

Cuando comemos buscamos obtener energía, bienestar y placer. Sin embargo, a menudo los alimentos que nos atraen poseen un lado oscuro. Algunos se relacionan, por ejemplo, con una excesiva presencia en los tejidos de histamina.

Se trata de una hormona que actúa como un potente dilatador de los vasos sanguíneos y de los capilares y provoca la contracción de la musculatura lisa. El cuerpo la produce y almacena en los mastocitos, células que se activan en los procesos inflamatorios y alérgicos.

No siempre es mala. La histamina cumple funciones básicas. Estimula la secreción de jugos digestivos, dilata los vasos sanguíneos cuando es preciso y participa en la inmunidad, el ciclo sueño-vigilia y el apetito. Sólo da problemas si hay un exceso o una intolerancia. En este último caso, la histamina absorbida en la digestión suele eliminarse a través del intestino gracias a la enzima diaminooxidasa digestiva (DAO) pero algunas personas no eliminan la cantidad suficiente.

Los síntomas son muy variados. Incluyen desde calambres y otras molestias digestivas hasta picores, falta de aliento o nariz moqueante, enrojecimiento de las mejillas y dolor de cabeza.

Para ayudar a controlarla es ideal la Vitamina C, que frena la liberación de histamina y favorece el efecto de la enzima que la elimina; la Vitamina B6, que ayuda a la que dicha enzima sea efectiva (en patatas, pimientos y pistachos); y la Quercetina, presente en la cebolla, que inhibe la liberación de histamina.

Es recomendable tomar también cereales, patatas, hortalizas, la mayoría de frutas, aceites vegetales y especias y plantas aromáticas. Los alimentos frescos contienen a su vez menos histamina que si se han congelado, elaborado o recalentado.

Además, para mantener la histamina bajo control se aconseja beber con frecuencia y evitar los excesos, moderando el consumo de bebidas alcohólicas, de vinagre de vino, de verduras y frutas enlatadas y de productos fermentados a base de soja. También hay que evitar las conservas de pescado, productos cárnicos y quesos curados, la repostería ligera y algunos medicamentos.

Fuente: Revista Cuerpo Mente.

Dr. Fernández, Director Médico

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