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¿Por qué no decimos basta?

Independientemente de si una persona está o no “llena”, el cuerpo está programado para recompensarse comiendo de más cuando es tentado con alimentos sabrosos. Lo afirma un estudio realizado por el Departamento de Psiquiatría de la Universidad SUN de Nápoles (Italia), publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism.

En este proceso se ve implicada una hormona (grelina) producida en el estómago que regula la recompensa y la motivación, y un compuesto (2-AG) relacionado con el apetito.

Nuestro organismo está programado para llenarse en caso de que luego escasee la comida. Cuando esta condición se une con un ambiente en que la comida es barata, está disponible y con frecuencia se provee en grandes porciones todo va en contra, y no comer en exceso se vuelve muy difícil.

El concepto de “comer por diversión”, en lugar de comer para sobrevivir (hambre homeostática) es relativamente nuevo. Para explorar cómo el hambre tradicional se manifiesta actualmente, el estudio (muy reducido) analizó el comportamiento de cinco mujeres y tres hombres sanos de 21 a 33 años. Ninguno de los participantes tenía sobrepeso ni era obeso, y todos estaban libres de cualquier problema en la conducta alimentaria.

Cada uno participó en dos pruebas con un intervalo de un mes. En ambas ocasiones, los participantes primero consumieron un desayuno de 300 calorías, y tras comer calificaron su nivel de hambre. Después de una hora, se ofreció a cada uno  su comida favorita, una comida que desearían comer incluso después de sentirse llenos. Durante cinco minutos solo se les permitió ver u oler su comida favorita, en ese periodo se les pidió describir cuánta hambre tenían, cuál era su impulso para comer y qué cantidad pensaban comer. La segunda prueba fue similar, excepto que esta vez se ofreció a los participantes un artículo poco apetitoso (pan, leche y mantequilla) pero que contenía los mismos nutrientes y calorías que su comida favorita.

El resultado fue que a pesar de una sensación de saciedad tras el desayuno, los participantes dijeron que su impulso a comer y la cantidad que pensaban comer eran significativamente mayores ante su comida favorita que ante la comida poco apetitosa.

Además, pruebas sanguíneas revelaron que cuando los participantes comían su alimento favorito, los niveles en sangre de la hormona de la motivación (grelina) aumentaban y permanecían altos durante hasta dos horas. En cambio, los niveles bajaban tras comer el artículo poco apetitoso. Los niveles del compuesto relacionado con el apetito (2-AG) se redujeron tras comer tanto la comida favorita como la poco apetitosa. Sin embargo, siguieron siendo mucho más altos ver y comer el alimento favorito.

FUENTE: Health Day, ¿Por qué comemos en exceso incluso cuando estamos llenos?, Mayo 2012. Estudio publicado en el Journal of Clinical Endocronology & Metabolism.

 

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Marta Gámez

Directora Técnica de Grupo NC Salud

  • Hola , un articulo muy interesante. En ocasiones, deberiamos reflexionar y pararnos a pensar con la cabeza, si comemos por hambre o por pura “gula”, nos sorprenderiamos de lo que es capaz , nuestra mente y nuestro estomago. Saludos.

    jon

    19 junio, 2012

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